
Cuando el cantor es profundo entra en comunión universal con cada hombre que se siente identificado con la vivencia que trasmite. El cantor no repite versos en rima técnicamente perfectos. El verdadero cantor cuenta vivencias que desde lo profundo del alma florecen en su voz, se hace canto y mensaje, se abre paso conmoviendo, sacudiendo generaciones, deshaciendo fronteras, desafiando límites, construyendo relaciones y tejiendo amistades.
Así también cada hombre es un solitario, a no ser que descienda profundo en su propia tierra y escuche su voz, su latir, su reír y llorar, sus sueños y miedos, angustias y dolores, alegrías y frustraciones; heridas y esperanzas… y las exprese en la forma que le salga, organizado en versos o disperso como arrebato emocional… sea la forma que adquiera, pide salir de la oscuridad de la tierra para transformarse en multitud, en hermano, amigo, compañero de vida…
Cuantas veces nos sentimos solos aunque estemos rodeados de gente. Multitudes caminan solitarias porque no descienden a lo profundo de su tierra a escucharla y a hacerle compañía.
Al niño le cuesta ponerle nombre a lo que sucede en su tierra. Y encuentra alivio cuando se la acercamos. Así nos transformamos en compañeros de las cosas de su alma. Así evitamos el devastador sentimiento de abandono.
Detenerse, escuchar y descender para darnos cuenta que el barro se subleva, se eleva desde abajo para abrir una grieta en la soledad y tirar en lo profundo las redes del encuentro…
“Otros juntan sus monedas y junto yo mis cantares, ellos guardan en gavetas y yo los disperso en el aire”… dice Leopoldo Dobric en la voz de su nieto Carlos Guyot, así como ellos y tantos, suelto al viento lo que estalla en mi alma para encontrarme con todos los que alguna vez han cantado lo que gritaba en lo profundo de su tierra…