viernes, 4 de noviembre de 2011

¿Cuál es tu sueño?

Cuando dejamos morir los anhelos esclavizamos el corazón. Matamos las ideas. Naufragan las oportunidades.

Vivir sin sueños es desbarrancar en la desesperación silenciosa de la mera supervivencia.

Me siento un desgraciado cuando se esfuman mis sueños.

¿Estás viviendo tu sueño?

"Quizá los sueños son el último refugio de esperanza del ser humano. Quizá sean en verdad el único espejo capaz de reflejar nuestra auténtica condición. Quizá mis sueños no sean otra cosa que mi corazón abierto y vulnerable entre mis manos..."

Para algunos soñar es una locura. Para otros una evasión. Pero para los que creen, soñar es el gesto interior más humilde de apertura al hondo misterio de la existencia.

El sueño que se sostiene en tiempos de prueba, de violencia, de agresión puede salir fortalecido. Ese sueño puede mostrar que no era solamente una ocurrencia o capricho humano.

Puede revelar que lo profundo del hombre no estaba muerto. Que las heridas no eran mortales.

Seguro que algunas cosas te hicieron daño pero nunca tocaron tu íntima capacidad de amar.


Cito a Walt Whitman en su pensamiento de lo que es VIVIR…

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco, sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.

No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte, que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.

No dejes de creer que las palabras y las poesías sí pueden cambiar el mundo.

Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.

Nos derriba, nos lastima, nos enseña, nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia.

Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa: Tú puedes aportar una estrofa.

No dejes nunca de soñar, porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores: el silencio. La mayoría vive en un silencio espantoso. No te resignes. Huye.

"Emito mis alaridos por los techos de este mundo", dice el poeta.

Valora la belleza de las cosas simples.

Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas, pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.

Disfruta del pánico que te provoca tener la vida por delante.
Vívela intensamente, sin mediocridad.

Piensa que en ti está el futuro y encara la tarea con orgullo y sin miedo.

Aprende de quienes puedan enseñarte. Las experiencias de quienes nos precedieron de nuestros "poetas muertos", te ayudan a caminar por la vida.

La sociedad de hoy somos nosotros Los "poetas vivos".

No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas....

Vive con intensidad tu vida y no dejes nunca de soñar...

lunes, 3 de octubre de 2011

Navegando con mitos y leyendas

Colonia del Sacramento. 9:00 am. Camino por el espigón del puerto. El viento del este sopla suave. Hoy navegaré en el Bonanza. Un barco de madera de 1951. En el año 57 mi padre fue timonel de este barco. Muchos años después, yo tomaría el mismo timón. Posaría mi mano sobre el mismo trozo de madera y bronce.


Cabellos blancos disponen sus barcos para la regata. Hombres de más de 70 años. Barcos legendarios, navegantes que son un mito viviente. Los años se hicieron experiencia. Sus cuerpos aún los acompañan. La pasión por el viento permanece joven, fuerte, indestructible.

Estos barcos viejos no ocultan su edad. Con orgullo siguen atravesando olas, soportando tormentas, con la satisfacción de dominar el viento, y con la conciencia humilde de depender enteramente de él. Poderosos y vulnerables.

Soltamos las amarras. Izamos todas las velas. El Bonanza empezó a volar. Simplemente dejamos que fuera él mismo, haciendo aquello para lo que fue construido: “Devorar horizontes a merced de viento”.

Sentí una enorme fuerza al empuñar el timón. No se de donde vendría. Si de mi mano, de mi imaginación, o de alguna especie de confluencia entre pasado y futuro. La fuerza la sentí. Un profundo sentido se apoderó de todo mí ser, como si fuera una revelación, como si el mismo dedo de Dios me tocara.

El espíritu de un navegante vive eternamente en cada una de las maderas de los barcos donde fue su timonel.

Estos navegantes son los creadores del yachting en la Argentina. Yo estoy en medio de ellos respirando los orígenes, siendo parte de su evolución. Cual centinela de la mañana guardaré encendida la antorcha para las generaciones futuras. Les contaré sus historias y sus hazañas.

Diré: “Yo viví en tiempos del Cholo, de Mancho, Hormiga Negra, Potilo, El ciego, Mono, Alemán, Fana, El negro, Piedra, Robby, el sordo, Tobín, el nono, el inglés…

En los tiempos del Fjord, del Bonanza, del Condalino, del Baccarat, del Bagual, del Sancho, de la Pinta, del Ventarrón…






Yo empuñé el timón del Bonanza y ahora, como todos ellos, soy inmortal.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Desde la abundancia

Tengo un sueño… vivir más desde el deseo y menos desde la necesidad. Sería como dejar de vivir desde la carencia y más desde la abundancia.

Creo que sería el fruto de un proceso interior en el cual vamos reconociendo, aceptando, digiriendo los acontecimientos de la propia historia y dejamos de reclamar lo que no nos fue dado, de buscar a los culpables de nuestras angustias, impotencias, frustraciones e injusticias, de llorar en el presente lo que antaño nos lastimó.

Vivir desde la carencia te hace esclavo, víctima. La queja se arraiga en tus huesos. El reclamo es lo primero que pronuncian tus labios. Las relaciones se hacen posesivas y exigís a todos como si te debieran algo.

Y casi, casi, que pedís perdón cuando algo te sale bien…

Lo importante no es lo que hagan de nosotros sino lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros. J. P. Sartre

¿Cuánta autonomía necesito tener para poder conectarme con lo que sucede aquí y ahora?

Para no devaluar los gestos de hoy por facturas impagas de ayer…

Autonomía del pasado. De todo aquello que en el pasado me faltó.

Para no estar esperando que el abrazo que me da mi amigo supla el abrazo que mi padre nunca me dio y pueda, así, recibir el abrazo de mi amigo, puro y limpio tal cual me lo da.

Que una cosa no reemplace la otra. Que el afecto de una persona no reemplace al de otro. Me parece hasta injusto.

Lo que no recibí, ahí quedará, flotando hasta que haga el duelo y lo acepte. Y además, me parece que debo hacer justicia, valorar en su justa medida lo que ahora sí estoy recibiendo.

Llorando el ayer me pierdo las maravillas de hoy.

¿Cómo aceptar esos vacíos, silencios, ausencias, injusticias; sin revanchas, rencores, resentimientos?

¿Cómo tejer una nueva estima, un fuerte autoconfianza, un ego sano, una equilibrada valoración de uno mismo?

¿Cómo hacer para que lo de hoy se explique simplemente porque lo que soy hoy y no, por lo que no pudo ser en el pasado?

No tengo recetas mágicas.

Pero por momentos… percibo que este sueño se hace realidad…

Y la sensación es increible.

domingo, 7 de agosto de 2011

La canción de tu alma para encontrar lo perdido

Algunos cuentos como las canciones de cuna tienen un poder mágico. Son un lenguaje que nos ayuda a expresar sensaciones maravillosas, crear mundos fantásticos, conectarnos con personajes míticos. Los cuentos y las canciones de cuna hacen posible lo imposible, creíble lo increíble. Transforman el tiempo en eternidad.

Anoche fui a ver un musical llamado Brooklyn. Un trovador que canta historias en las oscuras calles de Nueva York. Una niña que ha perdido a su madre porque esta se suicidó. Un padre abandónico, ex combatiente, bohemio y sensible. Temeroso del amor. Romántico y cagón. Músico.

Comienza a componer una canción de cuna que nunca termina. Con ella enamora a Faith. Tienen su noche de pasión y desaparece. Se marcha a la guerra y nunca más se sabe de él.

Faith da a luz a Brooklyn. Le cuenta acerca de su padre y le canta la inconclusa canción de cuna. Brooklyn aprende el inconcluso Lullaby, y al cantarlo empieza la dramática búsqueda. Se lanza al mundo a buscar a su padre.

Cuando canta se conecta profundamente con su madre, y además mantiene viva la esperanza de encontrar a su padre, Taylor Collins.

De aquí en más, sigo mi reflexión. Los cuentos y las canciones logran conectarnos con experiencias intensas. Es la aventura que mi padre o mi madre deciden emprender conmigo. El cuento y la canción son el puente para que el adulto se haga lo suficientemente pequeño para entrar en el corazón de un niño, habitarlo, hacerle compañía. En la canción de cuna que le cantas a tu niño te transformas en el dulce huésped de su alma, en el intérprete de sus emociones, en el guía de sus pensamientos, en el consejero de sus decisiones. En la canción se conectan las almas, se encuentran los corazones, se crean lazos indestructibles, se concluyen historias truncas…

Ninguna vida queda inconclusa cuando hay una historia que contar o una canción que cantar… porque puedes crear el mejor final, el que hubiera merecido esa persona, el final que soñaste para él.

Canta tu vida, cuenta tu historia y, mientras tengas memoria, no sufrirás pérdidas, porque aún en la ausencia, podrás encontrarte con quien quieras. Ciertas ausencias no crean vacíos, son un nuevo modo más intenso de estar presente.

Navegar hacia horizontes abundantes

Podemos coincidir en los hechos que conforman una historia. Y podemos escribir mil historias diferentes a partir de los mismos hechos. Mucho depende de quién la cuente, y también, del significado que le atribuya a esos hechos.

No podemos modificar los acontecimientos. Podemos resignificarlos a la luz de nuevas experiencias, de nuevos paradigmas. Diferentes prismas de luz pueden atravesar los hechos y mostrarnos brillos jamás hasta ahora percibidos.

Si cambia la interpretación, cambia la historia.

En un equipo de trabajo Guadalupe contó que había quedado huérfana a los 5 años. Y una compañera dijo: “A mí me llega a pasar eso y me muero; creo que no hay nada peor”. Y Guadalupe le contestó: Sí, hay algo peor que eso. ¡Pensar que eso es lo peor! Porque entonces no hay salida. Ese hecho hizo de mi lo que soy ahora. Alguien independiente, que vive al día, a pleno. Porque sé que la vida termina. No dejo nada para mañana. Porque sé que para algunos, no hay un mañana. Tampoco me aferro al pasado, porque el pasado ya murió con la llegada del hoy.

La interpretación que hago de los hechos es lo que le da sentido a la historia. Y esa interpretación es única y personal.

La película: “Gran Pez” es un claro ejemplo esto. Hacer de los acontecimientos vividos, la mejor historia, aquella que tenga sentido para mí y para los míos.

En frase de Jean Paul Sartre: Lo importante no es lo que han hecho de nosotros, sino lo que hacemos con lo que han hecho de nosotros.

Puedes quejarte toda la vida de aquellos acontecimientos que te han tocado vivir. Y no estarás equivocado...

- Porque mi padre fue así
- Porque mi madre esto otro
- Porque nunca recibí afecto
- Porque nadie me valoró
- Porque crecí bajo normas muy rígidas
- Porque pusieron sobre mi cabeza mucho peso
- Porque me infundieron demasiado miedo
- Porque me llenaron el corazón de culpa
- Porque no tuvimos dinero
- Porque siempre elegimos desde la carencia
- Porque no aprendí a pedir ayuda
- Porque…

Pero también puedes renovar el significado que en otro momento le diste.

Existe una historia en la cual a 3 personas se les repartió una serie de recursos. El que había recibido mucho, multiplicó lo recibido. Fue felicitado y gozó de una Gran Vida. Otro que había recibido menos también lo duplicó, fue felicitado y gozó de una Gran Vida; y el tercero, que recibió muy poquito, tuvo miedo y dejó las cosas tal cual las había recibido… Ese, tuvo una vida de perros… Se quejó todo el tiempo de lo poco que había recibido… no hizo nada para transformar su suerte…

Lo recibido es suficiente para empezar. Ahora, ¿qué quieres hacer con todo eso?

¿Te ha tocado un barco averiado? Repáralo y lánzate de una vez a vivir de verdad. A navegar en aguas profundas.

Puedes tener una Vida Grande o una de perros… tú eliges…

Si no sabes ¿cómo hacerlo? Ven y embárcate. Te contaré mi propia historia.

viernes, 22 de julio de 2011

Pero la pucha, ¡Qué lindo fue conocerte!

Fue doctor toda su vida. Director de un importante hospital de la zona. Jubilado y retirado de ese generoso servicio decidió volver a estudiar. Tenía 78 años. Antes se había ocupado de los cuerpos, ahora se ocuparía de las almas. Fue entonces que decidió estudiar consultoría psicológica. Allí nos encontramos.

Miguel era un sabio y un niño a la vez. Ya estaba de vuelta en muchas cosas pero su asombro no tenía límites. Estaba en un estado de constante aprendizaje. Preguntaba, indagaba, se maravillaba de nuestras respuestas. Agradecía por la lección recibida. Siempre abierto a nuevos horizontes, paradigmas, novedades…

En su casa siempre había té, alfajores, cerveza y frutos secos.

Nos invitaba a estudiar. Hacía grupo de estudio con Fede, Seco, Luli, la Ferchu y Feli, a veces Andy, y yo. Pero había un elenco estable. Un grupo predilecto por él. Y Miguel era uno más.

Lo sentí muy compinche. Se prendía a todo. En las clases actuaba, se disfrazaba como si tuviera 20 años. Una disposición fresca que nos dejaba pensando… ¡Ojalá lleguemos a su edad con ese espíritu tan joven!

Sin conocernos tanto, me ofreció su cabaña en San Martín de los Andes que contaba con un antiquísimo pero súper confiable jeep Maruti. ¡Qué buenas vacaciones! Montañas, ríos, selvas… El Marutti se bancó todo. La pasé fenomenal en esa cabaña al filo de la montaña. ¡Gracias Generoso Miguel!

Hace dos meses me lo encontré por la calle y emocionado me tiró un abrazo al que le correspondí de modo incondicional. Me dice: “Me estoy yendo a visitar a mis hijos que viven en Europa. Cuando vuelva, a fines de junio, te llamo y armamos un asadito con los chicos, así nos vemos”. Ahí quedó flotando la invitación… Hoy nos enteramos que Miguel murió. Estamos tristes. Nos quedamos sin el último asado. Nos quedamos sin Miguel. Ya te estamos extrañando. Igual, del asado no te salvás. No fue en esta vida, asi que será en la otra.

¡Pero, la pucha, qué lindo fue conocerte!

domingo, 19 de junio de 2011

Guiños inesperados

El legado de un padre puede ser múltiple. La trascendencia de sus acciones es impredecible. Me sorprende encontrarme con puertas abiertas a situaciones jamás imaginadas. Me conmueve cruzarme con personas que me tienden su mano sin haber sembrado yo la más mínima semilla de la oportunidad. Me emociona saber que alguien dejó latiendo ese gesto para que yo me lo encontrara años después.

Quiero pensar la existencia de mis ancestros como aquellos que sembraron en el mundo una cantidad infinita de oportunidades que, si camino despierto y conciente, me darán la evidencia de que siguen presentes, en estas coordenadas de tiempo y espacio, guiando, acompañando, motivando e inspirando mi travesía.

¿El golpe de suerte no será el guiño de alguno de tus ancestros?

¿No te sucedió alguna vez de haber recibido el fruto de algo que nunca sembraste?

Yo tenía 10 años. Muchos saben de mi pasión por navegar y, también saben, que fue algo que recibí de mi padre. Estábamos en el club náutico, un día de tantos. Un amigo de mi viejo se acercó y le contó con alegría que se había comprado un barco. Mi viejo lo felicitó y le preguntó cuando lo invitaría para probarlo. Martín, su amigo, sacó las llaves del “Baccarat” y le dijo: “Tomá, es tuyo”. “Cuando vos quieras, lo usás”.

A mí, me impresionó ese gesto de generosidad, de confianza, de amistad sin condiciones y miraba ese mundo de los grandes con profundo respeto. Yo era chico pero había entendido todo el significado de la amistad.

Hace un mes atrás. Más de 30 años después de ese episodio. Un día de tantos, estando yo en el club, me encuentro con Martín y nos estrechamos en un gran abrazo. Intercambiamos información acerca de “en qué andaba cada uno” y me dice: “Gonza, ¿Estás navegando?” – Sí, le respondí. Siempre menos de lo que me gustaría. Sigo llevando el río en la sangre. Y continúa: “me acabo de comprar el Bonanza, lo tengo en la bahía” y sacando las llaves me dice: “Es tuyo, navegalo cuando quieras”…

En un micro – segundo, se me erizó la piel, se me llenaron los ojos de lágrimas, me conmoví profundamente…

Gracias Martín…

Gracias Viejo…

¡Feliz Día!