sábado, 27 de julio de 2013

El problema... es mío...

No es tan importante lo que han hecho de mi sino lo que yo he podido hacer con lo que han hecho de mí.

Al fin y al cabo... ¿Qué hago yo, con lo que el otro hace?


Tomando la idea de un tema de Arjona...
 

El problema no es lo que dices sino cómo me tomo lo que dices

 

El problema nos es que avances sino que yo no pongo límites

 

El problema nos es te enojes conmigo sino que yo creo que tienes razón.

 

El problema nos es que estés insatisfecho, sino que yo creo que debo colmar tus expectativas…

 

El problema no es que agredas… el problema es que permito que me lastimes.

 

El problema no es que me felicites… el problema es que creo que soy bueno por lo que hago…
 
 
Ayúdenme a completar la lista....

domingo, 23 de junio de 2013

Una y mil veces... siempre es novedad



Todos los ríos van al mar y los que no… se enferman en estanques protegidos.
 
 Nadie se baña dos veces en el mismo río, decía un filósofo de la antigüedad.
Escuché esta frase mil veces. Nunca había entendido su significado.
 
Soy de aquellos que escuchan cien veces la misma canción y se emocionan ciento una.
Soy de aquellos que ven mil veces la misma película y lloran las mil y una.
 
Sé como empieza, sé lo que sucede, sé cómo va a terminar… y aún así… me vuelvo a emocionar.

Una persona envejece cuando pierde la capacidad de conmoverse, cuando las cosas ya no lo sorprenden, cuando se blinda para que la vida no lo sacuda.
 
En la película “Tierra de Sombras” que protagonizan Anthony Hopkins y Debra Winger, hay un diálogo en la que ella le dice: “Creaste un mundo para que nada te tocara”.

 ¿Se han encontrado con personas que “saben todo” y ya nada los afecta? ¿Personas que miran por arriba, a cierta distancia de las cosas, explicando racionalmente lo que sucede y sintiéndose maduros porque han superado la instancia de sentir?
 
Cada tanto conozco personas que no han perdido la ingenuidad. Que conservan intacta la capacidad de sentir, de dejarse influenciar, abiertos a la experiencia, al intercambio, sin miedo a perder, con todo por ganar. Que se interesan genuinamente con las historias y vivencias de los otros. Que aceptan ser modificados en su manera de pensar y vivir. Que saben que no viven en la verdad absoluta y menos aún, saben que no son dueños ni de la más pequeña revelación por más sagrada que sea.
 
Son personas que no tienen miedo. Que abandonan el dogma por la fresca experiencia del vivir. No se relacionan desde los juicios sino que disfrutan de los relatos, se sumergen en ellos y salen salpicados, mojados, renovados. Ellos viven el encuentro cotidiano como una experiencia transformadora.
 
Celebro que mi amigo Juan relate su vida, de manera intensa, profunda, divertida, plena de sentido, como si cada día fuera para él una revolución copernicana.
Y, también,  me dio tristeza que alguno de sus más cercanos hayan dicho: “Esta película ya la vi.” Y se hayan retirado de esa fiesta sin un rasguño.
 
Personas como Juan, intuyen que no somos los mismos de un momento a otro. Que la vida tiene un dinamismo evolutivo. Que dejarse llevar por esa dinámica inevitable es lo que llaman: CRECER, bañarse cada día en la vida y darse cuenta que ese río, nunca es el mismo.
 
Dejate salpícar, deja que la vida te toque, disolvete y serás manantial fresco, que corre siempre nuevo, hacia el mar.
 
 




miércoles, 24 de abril de 2013

¿Cuál es tu lugar en el mundo?

Muchas veces he buscado en mi  interior algo que me ayude a volver, a encontrar las cosas más simples de la vida, aquellas que desde chico me asombraban y me llenaban de alegría. Esto me sucede porque me alejo de esas simples cosas, probablemente invadido por la vorágine diaria y la celeridad en la cual vivo y es así como poco a poco voy sintiendo una sensación de alejamiento de esos lindos momentos, nostalgia de simpleza y sencillez que tanto me reconfortaban.

Dejamos de ser nosotros cuando recibimos distracciones y hechos que nos perturban y es en ese momento, cuando ya saturados, empezamos a buscar algo motivador acorde a nuestros más profundos y sinceros sentimientos. Algo que nos devuelva la vida...

Fue así que luego de varios días de mucho trajín laboral y pocas horas de sueño o mal dormir y tratando de salir un poco de todo eso, encontré algo que realmente me permitía volver a tener esos momentos simples de sencillez, calidez y alegría.

Algo muy alejado e independiente de lo cotidiano: el “Fly Cast” o “pesca con mosca”, que mezcla la pesca de truchas con un poco o mucho de arte y naturaleza y, mucho más arte todavía, es la “pesca con mosca seca”.

De repente me encontré dentro de un río que corre fuerte sobre las piedras de su fondo formando una amplia y hermosa sinfonía de sonidos, rodeado de majestuosas montañas con distintos tipos de verdes y tonalidades que dependen de la época del año y con animales salvajes, dando forma al maravilloso escenario donde comenzamos a realizar nuestro “arte”. Digo arte porque no solo tiene que ver con esperar a que el pez muerda el anzuelo, luego sacarlo del río y devolverlo con el menor daño posible, sino que debemos principalmente estudiar el entorno, zambullirnos en las distintas variables que presenta el clima para poder comprenderlo, observar cada detalle sobre la superficie del río y todo ello sumado a la habilidad y experiencia que cada uno posee. Estas condiciones hacen que podamos disfrutar, disfrutar verdaderamente, no de la pesca en sí, sino de la grandeza que la naturaleza nos brinda en ese momento. Es un sentir profundo. Es retornar a las cosas más elementales que están muy arraigadas dentro de nosotros.

Quiero contarles que, si bien la pesca siempre me acompañó desde muy pequeño y fue para mí un espacio de intenso encuentro con la naturaleza, al igual que mi otra pasión “el yachting”, es en esta actividad donde encontré algo más que todo eso y creo que tiene que ver con la esencia de cada uno, los sentidos y el reencuentro con lo elemental. Encontrarse en medio de un río de nuestro sur acotado de montañas con rocas sobre su fondo con agua cristalina que corre y da vida y un viento frío rosando nuestra cara es una sensación única donde se agudizan los sentidos y se libera el alma. Podría decirse que hay momentos donde simplemente uno siente que ya no es alguien extraño a ese entorno: simplemente somos parte de él y de todo lo que nos rodea y que si saliéramos de ahí probablemente faltaría algo y el lugar ya no sería el mismo.

Es así como luego de sentir todo ese conjunto de sensaciones, caña en mano y mosca preparada, habiendo elegido la adecuada para la ocasión, entrego mis manos al río, lo siento y lo vivo, me mojo un poco la cara y busco el lugar preciso donde intuyo pueden estar comiendo las truchas. Observo cada detalle que me rodea con mucho detenimiento y cuidado; para no perderme nada, cada instante es un disfrute, cada vibración de mi mosca es una peligrosa tentación para la trucha y cada pequeño movimiento del agua una nueva sensación para mí.

Es muy agradable, muy reconfortante y espectacular como todos los sentidos se agudizan y se focalizan en una misma dirección. No hay distracciones, no hay ruidos fuera de lo natural, no hay nada que pueda interponerse entre mi objetivo y yo; soy mis sensaciones. Sólo reina un cálido momento de paz y espiritualidad que me llevan a la plenitud lo que estoy haciendo.

Siento, vivo, me miro y cada vez más me sumerjo en ese mundo. Me alejo del ruido, me acerco a mi mismo.

Luego de una hermosa jornada y llegando el atardecer, retorno a casa, destapo una buena botella de vino tinto y me siento a recordar cada momento de ese día donde la paz, la tranquilidad, la armonía, lo natural y elemental me envolvieron, lejos de toda distracción que pudiera perturbarme, lejos de todo ruido que impida conectarme con mis sentidos.
 
PD:  Como dice el Martin Fierro "a otros le brotan las coplas, como agua de manantial, pues a mi me pasa igual, aunque las mías de nada valen, de la boca se me salen, como ovejas del corral", con esta frase mi gran Amigo de San Pedro me acercó su vivencia. El texto es de él, y gracias a sus palabras, la experiencia que el vivió, ahora puede ser todos... Gracias Liso!!!

domingo, 16 de diciembre de 2012

Welcome Home

Estar fuera del eje es una expresión que las personas usamos para describir una situación existencial en que nos sentimos ajenos, desconocidos, fuera de control, desintegrados, desterrados, en el exilio.

 No creo que haya un camino solo hacia el destierro.

 Puedo dar fe de haber estado, y puedo acompañar mi testimonio con el de muchas personas que conozco.

Es doloroso darte cuenta que estás en el exilio, sin tierra y nada conocido. Es dura la sensación de estar allí. El pensamiento se confunde. “¿Cómo hemos llegado allí?” “¡Yo no elegí esto!”

Una pregunta más honda resuena en cada célula de nuestro ser: ¿Valió la pena? Y ya en la pregunta está susurrada la respuesta… No, no del todo.

 

De casa al exilio fuimos negociando y perdiendo. Aparentando un bienestar que no sentíamos. Creíamos en una luz al final del sendero aunque el paisaje se mostraba oscuro.

 

Nos sabemos leer los signos. Y persistimos en el alejamiento.

 A esta altura la distancia entre nuestro centro y la periferia en la que decidimos movernos es abismal.

Yo no se bien por qué partimos hacia esa aventura de la despersonalización. Algunos dicen que es para ser aceptados, encajar, otros para ser amados, o no se encuentran a gusto en donde están, alguien les hizo creer que no había nada bueno en quedarse.

 Mientras escribo pienso en algunas personas que juzgarán negativamente este escrito y detengo mi andar. También en lo que escribo busco aceptación. (No se imaginan la cantidad de textos, diarios íntimos, obras sin concluir, sueños truncos y cuantas cosas más no han salido a la luz por este miedo)

 Me repongo y sigo adelante. No voy a exiliarme escribiendo para quedar bien…

¿Saben por qué existe el miedo al ridículo? Porque alguien dejó de aplaudir las cosechas y se erigió como juez implacable. Y para que no me bajaran el pulgar con la soberbia de un Emperador Romano en el Coliseo, decidimos negociar… y ocultar lo que somos realmente.

Un lento e imperceptible camino al destierro. Vivir fuera de mí… en un ser ajeno, irreconocible, una mera caricatura.

 Creo también en un devenir constante. Las personas vamos cambiando. Eso me gusta. Me percibo en desarrollo. Y me entusiasma. Me motiva.

 Y creo que hay una voz interna que me llama a ser genuino, siempre. Crecer siguiendo esa voz hace que pueda explorar lo nuevo sin desintegrarme, aunque tenga miedo al cambio, me permitirá asimilarlo y expandirme, enriquecerme, desplegar y conocer capacidades, nunca fuera de mi eje, nunca fuera de mi tierra, sin dejar de ser lo que soy, siempre hacia una nueva versión. Una mejor.


Abraza lo que eres, trabaja para limpiar tu mirada, para cuestionar los prismas que tienes, deja de juzgarte, no te maltrates, equivócate, equivócate y ríe, se fiel a vos mismo, brilla, brilla mucho con tu propia luz, suéltala al mundo, escríbela, cántala, píntala, recítala, no la escondas… si algún juez interviene… perdónalo… no sabe lo que hace, no sabe lo que dice, tiene miedo a la vida que se manifiesta de infinitas formas y todas ellas… maravillosas.

 

Vuelve a casa… a tu hogar, a tu centro…

 

Escucha este tema, si es con auriculares, mejor!!! http://www.youtube.com/watch?v=X0DbmOfNrjY...

 y cuando llegué el estribillo (Welcome home) grítalo y deja que las lágrimas te abracen…

 En este año… celebro mi vuelta a casa… fue el mejor año de mi vida, porque estuve allí: en mi eje, en casa, sin negociar ni uno de mis sueños…

 Felices Fiestas

 

 

 

martes, 16 de octubre de 2012

No abandones lo que te salva


Tengo la suerte de trabajar de lo que me gusta y de trabajar con personas que admiro, valoro y tengo amistad.

En este trabajo que tanto me apasiona me encuentro con personas que se sienten mal, están angustiadas, estresadas y atravesando conflictos.

Mi trabajo es acompañar y ayudarlos a estar mejor. A acercarse a la vida que soñaron. A ser felices.

 Algo que voy notando, es que algunas personas cuando empiezan a estar mejor, abandonan el proceso.

El vértigo y velocidad con que viven los vuelve a poner en el camino de la autodestrucción.

¿Por qué una persona decide abandonar aquello que le hace bien?

¿Por qué si tiene evidencia tangible de sus progresos y de su bienestar decide privarse de aquello que tanto bien le viene haciendo?

¿Tendrán miedo a estar bien?

¿Sentirán que no valen la pena? ¿Será que invertir en uno mismo es perder el tiempo?
¿Ocuparme de mí no es una necesidad básica?

Conozco gente que ha aprendido tanto a estar mal que les resulta tan nuevo sentirse bien que no lo soportan. No han desarrollado sus talentos personales para estar bien y sobretodo... se quedan lamentando una vida llena de insatisfacción provocada por ellos mismos.

Y quizás no saben todo lo bien que podrían estar.

 Una amiga que es cuentera y poeta me acercó estos versos…

El enemigo se ha retirado,

A la orilla del camino espero

Pronta para el combate.

Agazapada.

Dueles densa calma.

¿Dónde están las batallas

para las que aprendí a pelear?

Dueles helada soledad,

oírme pedir por guerra,

Y saber que no se vivir sin luchar.

 A veces soy tan torpe y tengo tanto miedo que tiendo a destruir lo que me salva, dice Silvina Garré en una canción…

Aprendiste a estar mal…

¿No te gustaría estar bien? … no abandones lo que te salva…

domingo, 24 de junio de 2012

Demasiados nombres...

Hace tiempo que vengo con este tema dando vueltas. Krishnamurti me ha ayudado mucho a reflexionar, y a descubrir como actuamos según lo que creemos. No hablo de las creencias religiosas, solamente, sino en sentido amplio. Sería la cosmovisión de una persona. Qué piensan y qué creen las personas en general sobre sí mismos, los demás, el mundo, la vida, la muerte, lo que es ser una buena persona, un buen padre, un buen hijo, el bien, el mal, en fin… su sistema de creencias.


Dice Krishnamurti:

"Una de las cosas que a mi parecer la mayoría de nosotros acepta ávidamente, da por sentado, es la cuestión de las creencias. Yo no ataco las creencias. Lo que tratamos de hacer es descubrir por qué aceptamos las creencias; y si podemos comprender los motivos, las causas de esa aceptación, quizá podamos no sólo comprender por qué hacemos tal cosa, sino asimismo librarnos de ella.

Si reflexionan verán que el temor es una de las razones para que haya deseo de aceptar una creencia. Porque, si no tuviéramos creencia alguna, ¿qué nos sucedería? ¿No nos causaría pavor lo que pudiera ocurrir? Si no tuviéramos ninguna norma de acción basada en una o en tal o cual fórmula religiosa, o en algún dominador que nos condicione, nos sentiríamos totalmente perdidos, ¿no es así?

Y esa aceptación de una creencia, la ocultación de ese temor, ¿no es acaso el miedo de no ser realmente nada, el miedo de estar vacío?

Después de todo, una taza sólo es útil cuando está vacía; y una mente repleta de creencias, de dogmas, de afirmaciones y de citas, en realidad no es una mente creativa, y lo único que hace es repetir. Y el huir de ese miedo ‑ de ese miedo al vacío, a la soledad, al estancamiento, de ese miedo de no llegar, de no triunfar, de no lograr, de no ser algo, de no llegar a ser algo es sin duda una de las razones por las cuales aceptamos las creencias tan ávida y codiciosamente. ¿No es así?

¿Y podemos comprendernos a nosotros mismos mediante la aceptación de una creencia? Todo lo contrario. Es obvio que una creencia, antropológica, cosmológica, política o religiosa, impide la propia comprensión. Obra a modo de pantalla a través de la cual nos miramos a nosotros mismos.

¿Y podemos mirarnos a nosotros mismos sin creencia alguna? Si suprimimos esas creencias ‑ las muchas creencias que uno tiene-,

¿Queda algo para mirar?

Si no tenemos creencias con las cuales la mente se haya identificado, entonces la mente, sin identificación alguna, es capaz de mirarse a sí misma tal cual es; y ahí, ciertamente, está el comienzo de la propia comprensión.”

Entiendo que esto para muchos sea una experiencia de temor, angustia e inseguridad. Necesitan controlar la realidad aplicando moldes (viejos en su mayoría) para poder detener el dinámico fluir de la vida, estancándola, formulando sentencias absolutas que al segundo de ser pronunciadas quedan obsoletas.

Yo me siento más cómodo con respuestas provisorias y palabras precarias que a cada instante tengo que revisar porque me sirven para hoy pero mañana ya son pan duro… (por algo algunos rezan: “Danos el pan de cada día…”)

¡Suelta el pan de ayer!

Let it be, sigue cantando Lennon, deja que las cosas sean como son, que la vida se narre a sí misma, en su mágico devenir, deja que el misterio llame a tu puerta y vacío de todo pre – juicio tan sólo experimenta lo siempre nuevo de estar vivo.

Demasiados nombres, reza un poema de Neruda, demasiadas creencias que ahogan la vida, a las personas, las relaciones humanas y los sueños…

[ ]

“Esto quiere decir que apenas

desembarcamos en la vida,

que venimos recién naciendo,

que no nos llenemos la boca

con tantos nombres inseguros,

con tantas etiquetas tristes,

con tantas letras rimbombantes,

con tanto tuyo y tanto mío,

con tanta firma en los papeles.



Yo pienso confundir las cosas,

unirlas y recién nacerlas,

entreverarlas, desvestirlas,

hasta que la luz del mundo

tenga la unidad del océano,

una integridad generosa,

una fragancia crepitante.”



Fragmento de Pablo Neruda.

viernes, 25 de mayo de 2012

¡Ojo! los ciegos ven...

Dice el refrán popular: “ojos que no ven, corazón que no siente”.

Madre e hija salían entusiasmadas de Musical que acababan de presenciar. La madre le propuso a su hija sacarse una foto delante del mural que presentaba la obra. Allí estaban los protagonistas. La hija posó delante del mural con una sonrisa inmensa y sus ojos emocionados. Miré a la madre y ella también tenía sus ojos llenos de lágrimas.

La niña portaba un bastón blanco.

Se estaba sacando una foto que ella nunca iba a ver…

Varios días después… recorriendo el Museo Británico me encontré con esta leyenda junto a la impresionante estatua de Nefertiti: Se ruego no tocar, sólo pueden hacerlo las personas no videntes. En la siguiente sala, una persona no vidente tocaba minuciosamente la estatua de Ramsés II. Su rostro parecía iluminarse como si escuchara una confesión del mismo Ramsés. Sus ojos fijos en la nada seguían con atención el relato que imaginaba en la oscuridad.

Otra escena similar me la encontré en la Basílica de la Sagrada Familia en Barcelona. Diseñada por Gaudí es una obra maravillosa. Un hombre estaba sentado en el centro de la basílica escuchando el audio guía que describía la obra. Este hombre también lucía un bastón blanco. Con su mentón levemente elevado parecía respirar lo que Gaudí había soñado y logrado plasmar en la Basílica. Supongo que por la sutil sonrisa de su rostro estaría disfrutando mucho de lo que sus oídos le ayudaban a ver.

Con estos relatos quiero refutar a muerte el famoso refrán. Porque aunque los ojos nos vean, el corazón siente. El corazón ve cosas que los ojos no ven… porque lo esencial sigue siendo invisible a los ojos.

Para ver más, para ver mejor hay que creer, escuchar y sentir…