Cuando amanecemos con el cuello duro, decimos: “Seguro que dormí en mala posición”. Cuando nuestro estómago se revuelve y nos retorcemos de dolor, decimos: “Algo me cayó mal”. Cuando nos empieza a doler la garganta, pensamos que estuvimos desabrigados la noche anterior.
Existen muchos factores externos que pueden enfermarnos, como gérmenes, mala nutrición, toxinas, polución, falta de ejercicios, malos hábitos de respiración, consumo insuficiente de agua, etc.
Así vamos encontrando explicaciones a nuestros malestares. Pero a veces dormimos en buena posición y aún así nos despertamos con una contractura, comemos bien y nos da un ataque al hígado, estuvimos bien abrigados y nos resfriamos igual.
¿Habrá otros factores que no son los externos los que colaboran o atentan contra mi salud?
Tengo un claro registro de que cuando estoy bien interiormente me siento más fuerte. Y cuando estoy fuerte me enfermo menos. Siento más las cosas y me enfermo menos. Cuando le puedo poner nombre a lo que me pasa y lo puedo expresar de alguna u otra manera, la garganta no se me irrita, aunque haya pasado algo de frío. Y cuando puedo elaborar y digerir algún tema difícil no me aquejan los problemas estomacales. Cuando soy menos exigente y más comprensivo conmigo mismo, el cuello y los hombros los tengo más distendidos y relajados.
También descubro que el modo de tomarme las cosas condiciona mi estado de salud. Cuando logro interpretar de modo positivo los hechos, las reacciones, los comentarios, mis intuiciones, tanto más entero me siento. En cambio, cuando leo de modo negativo lo que me pasa, me siento más débil. Tengo pensamientos debilitantes y en cierto modo destructivos. Y mi cuerpo acusa recibo del modo que tengo de tomarme las cosas.
Pero los mejores pensamientos son los que me fortifican. Y me demanda mucho trabajo interior e iluminación perseverar en los buenos pensamientos.
Creo, aunque todavía no me termino de convencer, que soy quien se dispone a recibir o rechazar lo que puede enfermarme. Pero, no me animo a decir aún, que soy capaz de generarme las enfermedades. Por ahora, quisiera pensar que puedo disponerme mejor para estar más saludable. Y eso ya un pensamiento muy poderoso. Pensar así me hace estar más sano.
martes, 28 de abril de 2009
lunes, 13 de abril de 2009
Más integrados, más cercanos, más vivos…
Nuestra vida no siempre se expresa de modo integrado.
Fragmentos en nuestro interior se guardan para sí mismos sin una propuesta clara para salir a la luz. Se esconden más bien detrás del orgullo, o del miedo o de la inseguridad existencial.
Se manifiesta en la tristeza y en la angustia cuando mis pensamientos no comulgan con mis sentimientos, cuando mis emociones están ausentes de mis actos, cuando mi libertad está atada a tanta desintegración.
Es un camino que de a poco nos va dejando en soledad. Muy distantes de nosotros mismos y de aquellos que amamos.
Según sus practicantes, el yoga otorga como resultado:
• la «unión o integración del alma individual con Dios», entre los que tienen una postura de tipo devocional (o religiosa), o bien
• «el desarrollo de la conciencia espiritual (la percepción de la naturaleza, origen y destino espiritual del ser)», entre los que tienen una postura racionalista (atea o agnóstica).
La realización de esta «conciencia unitiva» es un estado en el que el individuo se siente uno con su entorno vital, mediante un fenómeno psíquico de «expansión».
Muchos coinciden en que la respiración está en la base del Yoga. Inspirar inflando, primero el diafragma, luego el pecho y por último la zona superior de la clavícula. Se retiene unos segundos y se suelta el aire presionando los músculos del diafragma.
Si este modo de respirar se va haciendo cada vez más consciente, perseverante y se incorpora como estilo de vida, lograremos mayor percepción de nosotros mismos, del mundo y de los demás.
Puedo descubrirme todo ahí, presente a mi mismo. Puedo empezar a quedarme cinco minutos por día y extenderlo hasta 20.
Este es un camino muy recomendable para estar más vivos.
Fragmentos en nuestro interior se guardan para sí mismos sin una propuesta clara para salir a la luz. Se esconden más bien detrás del orgullo, o del miedo o de la inseguridad existencial.
Se manifiesta en la tristeza y en la angustia cuando mis pensamientos no comulgan con mis sentimientos, cuando mis emociones están ausentes de mis actos, cuando mi libertad está atada a tanta desintegración.
Es un camino que de a poco nos va dejando en soledad. Muy distantes de nosotros mismos y de aquellos que amamos.
Según sus practicantes, el yoga otorga como resultado:
• la «unión o integración del alma individual con Dios», entre los que tienen una postura de tipo devocional (o religiosa), o bien
• «el desarrollo de la conciencia espiritual (la percepción de la naturaleza, origen y destino espiritual del ser)», entre los que tienen una postura racionalista (atea o agnóstica).
La realización de esta «conciencia unitiva» es un estado en el que el individuo se siente uno con su entorno vital, mediante un fenómeno psíquico de «expansión».
Muchos coinciden en que la respiración está en la base del Yoga. Inspirar inflando, primero el diafragma, luego el pecho y por último la zona superior de la clavícula. Se retiene unos segundos y se suelta el aire presionando los músculos del diafragma.
Si este modo de respirar se va haciendo cada vez más consciente, perseverante y se incorpora como estilo de vida, lograremos mayor percepción de nosotros mismos, del mundo y de los demás.
Puedo descubrirme todo ahí, presente a mi mismo. Puedo empezar a quedarme cinco minutos por día y extenderlo hasta 20.
Este es un camino muy recomendable para estar más vivos.
jueves, 26 de marzo de 2009
El cuerpo se acuerda de todo...
Tengo una amiga que vivió una experiencia realmente fascinante cuando dio a luz a su primer hijo. Hacía nueve meses que estaba esperando ese momento tan particular soñando tantas cosas. Espera que fue tejida entre ansiedades, deseos, miedos y confianza.
El momento del parto fue doloroso y emocionante. El padre recibió al niño, cortó el cordón umbilical, lo limpió y se lo pasó a la madre. Ella lo apoyó contra su pecho y sintió que ese momento era único. Dios había guardado desde toda la eternidad ese momento. Ella había recibido de parte de Dios ese abrazo para entregárselo a su hijo. Nunca habría otro abrazo igual. Ella, susurrándole al oído, le decía: hace tanto tiempo que quería tenerte en mis brazos.
El hijo encontró serenidad cuando sintió el calor del cuerpo de la madre, cuando percibió el olor de su piel, cuando escuchó la suavidad de su voz. El contacto de los cuerpos trascendía el tiempo y el espacio.
Es sorprendente la fuerza que puede tener un abrazo… te hace temblar hasta tu fibra más íntima. Genera el instante eterno...
¿Saben? El cuerpo tiene memoria…
Los llantos del corazón se marcan en el cuerpo. Y sangramos para saber que estamos vivos. El cuerpo tiene memoria de lo que pasó por el corazón. Se acuerda de todo. No es una tarea fácil descifrar los mensajes del alma escritos en el cuerpo. Pensamos que arreglando el cuerpo ya hemos terminado con nuestros problemas. No siempre es secando las lágrimas que brotan de la piel que logramos calmar lo que duele en el interior. ¡Si supiéramos dialogar con nuestro cuerpo!
Él nos cuenta algo de nuestro propio misterio, nos introduce en él. Nos canta la melodía de lo que resuena en los abismos de la persona. Recita poemas locos de los amores imposibles, de los sueños incumplidos, de los gemidos insatisfechos, de latidos indescifrables.
El cuerpo te cuenta historias de otro tiempo, de otros mundos, verdaderos pero dormidos en el silencio de lo secreto. Te revela nuevos brillos y a la vez, te oculta algunos matices. El cuerpo se encuentra dentro de una tensión muy grande. Siente la vida que le estalla en el alma y padece su limitada capacidad de decirlo todo. Pero te lleva al umbral de lo desconocido, al límite de lo inexpresable, a esas fronteras más allá de lo soñado; hacia la posibilidad de descubrir todo lo que celosamente esconde y tiernamente cuida.
El momento del parto fue doloroso y emocionante. El padre recibió al niño, cortó el cordón umbilical, lo limpió y se lo pasó a la madre. Ella lo apoyó contra su pecho y sintió que ese momento era único. Dios había guardado desde toda la eternidad ese momento. Ella había recibido de parte de Dios ese abrazo para entregárselo a su hijo. Nunca habría otro abrazo igual. Ella, susurrándole al oído, le decía: hace tanto tiempo que quería tenerte en mis brazos.
El hijo encontró serenidad cuando sintió el calor del cuerpo de la madre, cuando percibió el olor de su piel, cuando escuchó la suavidad de su voz. El contacto de los cuerpos trascendía el tiempo y el espacio.
Es sorprendente la fuerza que puede tener un abrazo… te hace temblar hasta tu fibra más íntima. Genera el instante eterno...
¿Saben? El cuerpo tiene memoria…
Los llantos del corazón se marcan en el cuerpo. Y sangramos para saber que estamos vivos. El cuerpo tiene memoria de lo que pasó por el corazón. Se acuerda de todo. No es una tarea fácil descifrar los mensajes del alma escritos en el cuerpo. Pensamos que arreglando el cuerpo ya hemos terminado con nuestros problemas. No siempre es secando las lágrimas que brotan de la piel que logramos calmar lo que duele en el interior. ¡Si supiéramos dialogar con nuestro cuerpo!
Él nos cuenta algo de nuestro propio misterio, nos introduce en él. Nos canta la melodía de lo que resuena en los abismos de la persona. Recita poemas locos de los amores imposibles, de los sueños incumplidos, de los gemidos insatisfechos, de latidos indescifrables.
El cuerpo te cuenta historias de otro tiempo, de otros mundos, verdaderos pero dormidos en el silencio de lo secreto. Te revela nuevos brillos y a la vez, te oculta algunos matices. El cuerpo se encuentra dentro de una tensión muy grande. Siente la vida que le estalla en el alma y padece su limitada capacidad de decirlo todo. Pero te lleva al umbral de lo desconocido, al límite de lo inexpresable, a esas fronteras más allá de lo soñado; hacia la posibilidad de descubrir todo lo que celosamente esconde y tiernamente cuida.
viernes, 13 de marzo de 2009
¿Viste la película...
"Más allá de los sueños"?
Tome esta película porque en ella Chris (Robin Williams), realiza un apasionante viaje interior en el que va ir revelando la situación real en sus relaciones familiares, con su mujer y con sus hijos; y además aparece con claridad un modo de acompañar procesos vitales que me es de gran ayuda.
Este viaje sólo es posible atravesando la muerte y en ese mundo más allá de los sueños hay alguien que lo va guiando. Más que un guía será un compañero de viaje. Ese guía es percibido de modo borroso, como fuera de foco y, a medida que avanza el proceso, él puede ver con mayor claridad. Puede verse y verlo, empieza a reconocerse y a reconocerlo. El guía no apura ni fuerza el andar sino que va preguntando según lo que Chris quiere saber. Chris es quién propone el camino.
Las respuestas que da el guía varían, desde la inducción a la confrontación, pero nunca lo dirige, ni reemplaza la libertad en las decisiones que Chris va tomando al asomarse en los temas más oscuros y dolorosos de sus relaciones personales.
El compañero de camino nunca se asusta de lo que Chris le va contando y mostrando sobre su vida. Hay una aceptación sin condiciones.
Una frase que desata el proceso de Chris es cuando se da cuenta de que ve borroso, desenfocado. Y pregunta con alteración, qué es lo que le pasa, porqué ve de esa manera. Y el guía le contesta: “Cuando dejes de tenerte miedo, te vas a poder ver con claridad”.
La anámnesis es un recurso permanente. Traen al presente los acontecimientos pasados y toman contacto afectivo y emocional con los mismos y con la nueva luz que le da la vida “más allá de los sueños” puede comprenderlos y asumirlos. En cada situación hay una instancia reconciliadora, algún gesto o palabra que esclarece, que interpreta y sana.
El guía deja espacio para que eso suceda, pues hacia allí quiere dirigirse Chris.
El proceso lo lleva a ir bien hondo en las heridas de sus vínculos. Allí donde el hombre experimenta su propio infierno, allí donde sólo él puede llegar, allí donde se siente más desdichado y más sólo, allí donde sólo el amor es capaz de hacer el milagro de la curación.
La película nos deja con un final feliz. Una vida reconciliada. Un proceso en el cual la persona está más presente a sí mismo y más presente a los otros.
El compañero de camino era su hijo mayor a quien nunca pudo valorar, reconocer y querer en su “otra” vida. El hijo lo acompaña sin mezclar su propia herida en el proceso. Mantiene la “disociación operativa”.
Seguramente, que al final del proceso de Chris, él también será beneficiado. Pero no es lo que busca como objetivo en el acompañamiento.
El objetivo es que Chris se valga de esta relación para su propio desarrollo.
Tome esta película porque en ella Chris (Robin Williams), realiza un apasionante viaje interior en el que va ir revelando la situación real en sus relaciones familiares, con su mujer y con sus hijos; y además aparece con claridad un modo de acompañar procesos vitales que me es de gran ayuda.
Este viaje sólo es posible atravesando la muerte y en ese mundo más allá de los sueños hay alguien que lo va guiando. Más que un guía será un compañero de viaje. Ese guía es percibido de modo borroso, como fuera de foco y, a medida que avanza el proceso, él puede ver con mayor claridad. Puede verse y verlo, empieza a reconocerse y a reconocerlo. El guía no apura ni fuerza el andar sino que va preguntando según lo que Chris quiere saber. Chris es quién propone el camino.
Las respuestas que da el guía varían, desde la inducción a la confrontación, pero nunca lo dirige, ni reemplaza la libertad en las decisiones que Chris va tomando al asomarse en los temas más oscuros y dolorosos de sus relaciones personales.
El compañero de camino nunca se asusta de lo que Chris le va contando y mostrando sobre su vida. Hay una aceptación sin condiciones.
Una frase que desata el proceso de Chris es cuando se da cuenta de que ve borroso, desenfocado. Y pregunta con alteración, qué es lo que le pasa, porqué ve de esa manera. Y el guía le contesta: “Cuando dejes de tenerte miedo, te vas a poder ver con claridad”.
La anámnesis es un recurso permanente. Traen al presente los acontecimientos pasados y toman contacto afectivo y emocional con los mismos y con la nueva luz que le da la vida “más allá de los sueños” puede comprenderlos y asumirlos. En cada situación hay una instancia reconciliadora, algún gesto o palabra que esclarece, que interpreta y sana.
El guía deja espacio para que eso suceda, pues hacia allí quiere dirigirse Chris.
El proceso lo lleva a ir bien hondo en las heridas de sus vínculos. Allí donde el hombre experimenta su propio infierno, allí donde sólo él puede llegar, allí donde se siente más desdichado y más sólo, allí donde sólo el amor es capaz de hacer el milagro de la curación.
La película nos deja con un final feliz. Una vida reconciliada. Un proceso en el cual la persona está más presente a sí mismo y más presente a los otros.
El compañero de camino era su hijo mayor a quien nunca pudo valorar, reconocer y querer en su “otra” vida. El hijo lo acompaña sin mezclar su propia herida en el proceso. Mantiene la “disociación operativa”.
Seguramente, que al final del proceso de Chris, él también será beneficiado. Pero no es lo que busca como objetivo en el acompañamiento.
El objetivo es que Chris se valga de esta relación para su propio desarrollo.
domingo, 8 de marzo de 2009
¿Qué me dejó de bueno el día de hoy?
¿Valió la pena?
¿Tuvo sentido?
el modo de hacer las cosas... ¿me trae mayor plenitud?
¿Tuvo sentido?
el modo de hacer las cosas... ¿me trae mayor plenitud?
martes, 3 de marzo de 2009
Descubrir el sentido de la vida es una opción
A veces creo que la felicidad depende de una simple opción. Uno no siempre elige los caminos que ha de recorrer, pero nadie puede imponernos la forma en hemos de transitarlos. La vida a menudo hace caso omiso a nuestros deseos, obligándonos a abandonar algún que otro sueño. Pero no quita sin dar, como tampoco da nada sin privarnos de algo. Y es que sólo es una, la senda que podemos transitar; y esa es nuestra historia, y eso, somos nosotros mismos.
El hombre no elige nacer, no elige su familia, no elige de quién se ha de enamorar, no elige sus ausencias, y mucho menos elige la hora de su muerte. Nadie parece preguntarle a la hora de las cosas fundamentales que conformarán su vida. Se encuentra casi como espectador en su propia película. Pero, a pesar de todo, siempre guarda para sí una opción última. En cada paso que da, voluntario o no, inevitablemente mueren los infinitos pasos que no ha dado. Y a la vez, se le abren múltiples posibilidades impensadas antes de avanzar.
Entonces el hombre elige. Hace una opción fundamental, por la vida o por la muerte. En cada paso puede elegir morir junto a todos los caminos que ya nunca andará; puede vivir atado a lo que no ha sido y ya no podrá ser. 0 en cambio, puede levantar su frente, a pesar de esas muertes muchas veces dolorosas, y elegir por la vida, mirar con amor el sitio donde se encuentra, su vida, su historia. Uno es simplemente lo que es, y anda siempre con lo puesto, canta Serrat. Y la opción es amar y odiar esto. Es mirar nuestra vida como una tragedia, un chiste de mal gusto, o un milagro cotidiano, una posibilidad permanente, un regalo de Dios. Y ahí está la opción. En cada momento tenemos lo suficiente, y aún mas, para ser plenamente felices; siempre. Pero muchas veces, aferrados caprichosos a lo que no es, no nos permitimos esta felicidad. El secreto no es hacer siempre lo que queremos, sino, mas bien, querer siempre lo que hacemos. Poner el corazón entero en cada paso, y mirar con esperanza el futuro.
Quería compartirles esto, para que sea un Faro en medio de la noche.
A uno a veces le falla un poquito la memoria y se vuelve un ingrato. No ser feliz, con todo lo que Dios nos regala en cada momento en cada persona, es realmente algo injusto.
"El hombre es desgraciado porque no sabe que es feliz.
¡Eso es todo! Si cualquiera llega a descubrirlo, será feliz de inmediato, en ese mismo minuto. Todo es bueno."
F. Dostoievski
El hombre no elige nacer, no elige su familia, no elige de quién se ha de enamorar, no elige sus ausencias, y mucho menos elige la hora de su muerte. Nadie parece preguntarle a la hora de las cosas fundamentales que conformarán su vida. Se encuentra casi como espectador en su propia película. Pero, a pesar de todo, siempre guarda para sí una opción última. En cada paso que da, voluntario o no, inevitablemente mueren los infinitos pasos que no ha dado. Y a la vez, se le abren múltiples posibilidades impensadas antes de avanzar.
Entonces el hombre elige. Hace una opción fundamental, por la vida o por la muerte. En cada paso puede elegir morir junto a todos los caminos que ya nunca andará; puede vivir atado a lo que no ha sido y ya no podrá ser. 0 en cambio, puede levantar su frente, a pesar de esas muertes muchas veces dolorosas, y elegir por la vida, mirar con amor el sitio donde se encuentra, su vida, su historia. Uno es simplemente lo que es, y anda siempre con lo puesto, canta Serrat. Y la opción es amar y odiar esto. Es mirar nuestra vida como una tragedia, un chiste de mal gusto, o un milagro cotidiano, una posibilidad permanente, un regalo de Dios. Y ahí está la opción. En cada momento tenemos lo suficiente, y aún mas, para ser plenamente felices; siempre. Pero muchas veces, aferrados caprichosos a lo que no es, no nos permitimos esta felicidad. El secreto no es hacer siempre lo que queremos, sino, mas bien, querer siempre lo que hacemos. Poner el corazón entero en cada paso, y mirar con esperanza el futuro.
Quería compartirles esto, para que sea un Faro en medio de la noche.
A uno a veces le falla un poquito la memoria y se vuelve un ingrato. No ser feliz, con todo lo que Dios nos regala en cada momento en cada persona, es realmente algo injusto.
"El hombre es desgraciado porque no sabe que es feliz.
¡Eso es todo! Si cualquiera llega a descubrirlo, será feliz de inmediato, en ese mismo minuto. Todo es bueno."
F. Dostoievski
martes, 24 de febrero de 2009
Para todos aquéllos que tienen un espíritu de águila, que dominan las alturas y les gustan los desafíos grandes.
La renovación del águila:
El águila es el ave que alcanza mayor longevidad. Llega a vivir 70 años, pero a los 40 debe tomar una seria y difícil decisión. En esta etapa de su vida, sus uñas están apretadas y flexibles, y por ello no consiguen atrapar a las presas de las cuales se alimenta. Su pico, largo y puntiagudo, se curva apuntando sobre el pecho.
Sus alas están envejecidas y pasadas, y sus plumas, gruesas.-
¡Volar se hace tan difícil!
Entonces, el águila tiene solamente dos alternativas: morir o enfrentar un doloroso proceso de renovación, que dura 150 días.
Este proceso consiste en volar hacia lo alto de una montaña y quedarse ahí, en un nido cercano a un paredón, donde no tenga necesidad de volar. Después de encontrar ese lugar, el águila comienza a golpear con su pico en la pared, hasta arrancarlo. Una vez logrado esto, debe esperar el crecimiento de uno nuevo, con el que desprenderá sus uñas una a una. En el momento en que las nuevas comiencen a nacer, empezará a arrancar sus plumas viejas. Cumplidos los cinco meses (150 días), sale para el famoso vuelo de renovación, y para vivir 30 años más.
En nuestra vida muchas veces tenemos que guardarnos por un tiempo y comenzar un proceso de renovación para continuar un vuelo de victoria. Debemos desprendernos de costumbres, tradiciones y recuerdos que nos causaron dolor o que nos detuvieron en nuestro crecimiento.
Solamente libres del peso del pasado podremos aprovechar el resultado valioso que una renovación siempre trae consigo.
El águila es el ave que alcanza mayor longevidad. Llega a vivir 70 años, pero a los 40 debe tomar una seria y difícil decisión. En esta etapa de su vida, sus uñas están apretadas y flexibles, y por ello no consiguen atrapar a las presas de las cuales se alimenta. Su pico, largo y puntiagudo, se curva apuntando sobre el pecho.
Sus alas están envejecidas y pasadas, y sus plumas, gruesas.-
¡Volar se hace tan difícil!
Entonces, el águila tiene solamente dos alternativas: morir o enfrentar un doloroso proceso de renovación, que dura 150 días.
Este proceso consiste en volar hacia lo alto de una montaña y quedarse ahí, en un nido cercano a un paredón, donde no tenga necesidad de volar. Después de encontrar ese lugar, el águila comienza a golpear con su pico en la pared, hasta arrancarlo. Una vez logrado esto, debe esperar el crecimiento de uno nuevo, con el que desprenderá sus uñas una a una. En el momento en que las nuevas comiencen a nacer, empezará a arrancar sus plumas viejas. Cumplidos los cinco meses (150 días), sale para el famoso vuelo de renovación, y para vivir 30 años más.
En nuestra vida muchas veces tenemos que guardarnos por un tiempo y comenzar un proceso de renovación para continuar un vuelo de victoria. Debemos desprendernos de costumbres, tradiciones y recuerdos que nos causaron dolor o que nos detuvieron en nuestro crecimiento.
Solamente libres del peso del pasado podremos aprovechar el resultado valioso que una renovación siempre trae consigo.
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