lunes, 4 de octubre de 2010
jueves, 23 de septiembre de 2010
Ponele nombre a los motivadores
La fuerza erosiva del mar es impresionante. Siempre me han llamado la atención los acantilados. El golpe constante del mar sobre ellos recorta, dibuja, moldea, desgasta, pule… ¿Cómo un elemento tan poco consistente es capaz de vulnerar las rocas graníticas ancestrales? La respuesta es una sola: por su insistencia.
Por su insistencia, la gota horada la piedra.
Esta analogía me parece útil para ilustrar una dinámica que ayuda a profundizar ciertos temas.
Si le hacés la misma pregunta a una persona 10 veces, probablemente conteste de manera diferente, tanto porque cambió el contenido, o porque amplió sus argumentos, o porque cambió el tono de voz, o se modificó su semblante, o porque apareció otra emoción. Si atendemos a los detalles nos daremos cuenta que las respuestas son diferentes.
Pienso que la repetición insistente de la pregunta tiene un poder similar al de nuestra pequeña gota de agua de mar.
Alguna vez leí por ahí que la palabra es más penetrante que espada de doble filo, y penetra hasta donde se dividen el alma y el espíritu, los huesos y los tuétanos, haciendo un discernimiento de los deseos y los pensamientos más íntimos. No hay criatura a la que su luz no pueda penetrar; todo queda desnudo y al descubierto…
Cuando una pregunta fue gestada en lo más hondo y genuino de una persona, penetra, perfora, erosiona todas las defensas y pone al descubierto lo verdadero de aquel que la escucha, la recibe y le brinda alojamiento.
En el proceso de autoconocimiento esta dinámica puede ayudarme a clarificar, conocer, profundizar, registrar, motivaciones que no hemos verbalizado aún.
Es un ejercicio para hacer durante 7 siete días. Tomás tu cuaderno de Bitácora y anotás en ella alguna pregunta de esas que llamamos “existenciales”. Anotá las primeras respuestas que espontáneamente surjan. Dejalas descansar y al día siguiente volvé sobre la pregunta. Así, durante 7 días. Te sorprenderás la cantidad de matices que aparecen. No filtres. No juzgues. Dejá que la pregunta siga golpeando el acantilado. Al cabo de siete días tendrás un mosaico de respuestas muy interesantes que te aportarán colores nuevos de vos mismo.
Podemos empezar por esta… ¿Para qué te levantás cada mañana?...
martes, 7 de septiembre de 2010
¿Podrías decir que tu historia es apasionante?
Llego a esta etapa de mi vida rico en experiencias. Innumerables hechos significativos han hecho de mi lo que soy. Pero, más aún, lo que ha hecho que sea lo que soy es la simbolización que hice de esos acontecimientos. Es el sentido vital que descubrí, que yo mismo armé, que escuché de personas referentes, el modo en que elegí interpretarlos; fue la palabra que atravesó el acontecimiento dándole la luz necesaria la que me permitió caminar, seguir, luchar, conseguir, claudicar, elegir, retomar, refrescar, abandonar, desviar, crecer...Lo que hace que sea esto que soy, no es sólo el acontecimiento vivido sino, junto con él, la interpretación que hice del mismo. Así se fue formando mi cultura, mis creencias, la apropiación de valores, la creación de paradigmas, el seguimiento de modelos, un prisma desde el cual empecé a mirar las cosas y declararlas como “la realidad”, mi realidad. No tengo la verdad sino mi verdad sobre lo que he vivido.
Los hechos del pasado no podemos cambiarlos, sucedieron. Ya está. Lo que si se puede modificar, enriquecer, y profundizar es la simbolización que hicimos de ellos. Y eso nos puede cambiar la vida.
Puede ser, en el mejor de los casos, un camino de mucha liberación interior.
Algunos deciden revisar la propia historia para comprenderse, para aceptarse, para quererse más y mejor, para reconciliar, para sanar heridas, para simbolizar lo que no fue simbolizado, para nombrar lo que quedó sin palabras, para soltar, para vivir más en paz con uno mismo y salir más libre hacia el futuro.
Hay hechos que por su intensidad provocaron reacciones muy desde adentro. La vida ya no la encaré de la misma manera. Ante estos hechos muchas veces nos decimos a nosotros mismos como queremos vivir y hacemos opciones muy de fondo.
Si quisieras emprender este viaje te propongo lo siguiente:
Te pido que recorras el camino de tu vida y te quedes dónde aparecen algunos de estos hechos significativos. Volvé a ubicarte en ese lugar, identificate con la edad que tenías, visualizá la situación, qué fue lo que pasó, cómo te sentiste, y qué emergió como opción en vos. No intentes encontrar cosas elaboradas y reflexionadas, sino signos de algo que cambió muy desde adentro. Te puede ayudar el imaginarte ahora un diálogo con vos mismo entre quién sos actualmente y el que eras. Tratá de percibir como te sentís con las opciones que fuiste haciendo y te marcaron para el futuro.
Anotá todo en un cuaderno...
lunes, 23 de agosto de 2010
¡Nos sobran los motivos!
A mí me ayuda a tomar conciencia de la expresión que en cada momento llevo en mi rostro. Sin lugar a duda, el darme cuenta de eso me permite elegir que cara quiero poner.
Hago muecas para estirar los músculos. A veces los tengo duros, rígidos, poco elásticos. Los ejercito y los acomodo. Los despierto. Me asombro de su versatilidad. Los oxigeno. Les propongo más vida. Y les aseguro que con esta sencilla gimnasia facial el semblante se transforma.
Como una sorpresa, irrumpe una emoción diferente que acompaña ese nuevo semblante. Si elijo una cara alegre, risueña, por ejemplo, aparecen en mi cabeza recuerdos, razones, motivos, imágenes, que respaldan la risa y la alegría.
Me maravilla la conexión que hay entre mis pensamientos, mis emociones y mi cuerpo. Como un sistema articulado, como vasos comunicantes, como una conexión en red, como una piedra arrojada a un estanque, como una pluma que roza mi piel.
Todo lo que siento se refleja en mi cuerpo, todo lo que pienso me despierta una emoción. Pensamientos, emociones, postura del cuerpo están en permanente conversación.
Quisiera estar más atento a esto. Escuchar más a mi cuerpo. Dialogar más con mis emociones. Detectar los pensamientos que me atraviesan. De esta manera podré saber qué me pasa y elegir qué hacer con eso.
Les dejo un ejercicio muy sencillo pero de enorme valor para el autoconocimiento.
1. ¿Cuáles son los pensamientos que prevalecen en mí?
2. ¿Qué emociones me despiertan?
3. ¿Cómo se pone mi cuerpo cuando ellas me visitan?
4. ¿Qué comportamientos adopto frente a esto?
5. ¿Qué impacto genero en mi entorno con estos comportamientos?
Si pueden registrarlo en un cuaderno de Bitácora les será de mucha utilidad para elegir que hacer en el aquí y ahora, para comprender la propia historia y desarrollar para el futuro, una mejor versión de sí mismos.
martes, 27 de julio de 2010
Para aquellos que quieran vivir de modo más creativo
Hoy desperté con ganas de desarrollar la creatividad en la gente común. Si bien, realizo esto a través de los talleres que doy en las empresas, me resulta muy estimulador poder realizar esta experiencia con gente común; el padre de un adolescente, una ama de casa, un joven profesional, una abuela, un artista, un médico, un músico o una modista. Estoy cada vez más convencido que la creatividad es nuestra propia naturaleza. Creo en un Creador y Creo que somos a su imagen, creo, entonces, que somos de tal palo, tal astilla. Del Creador nacimos creativos.
Hay un montón de mitos acerca de quienes son los creativos. Hay innumerables excusas para sacarme de la lista de aquellos, y mucho pero mucho miedo de descubrir el inagotable manantial creativo que llevamos dentro.
Me gustaría armar un taller. Realizar entre 8 y 12 encuentros. Que sean una experiencia. No quiero discursos teóricos. Quiero lograr que cada participante se conecte con su potencial creativo. Quiero que practiquen, que ejerciten. Imagino un grupo de 8 a 10 personas. Creo que de esa manera podría brindar un acompañamiento personalizado. Quiero desafiarlos a explorar, a ampliar sus horizontes, a probar cosas nuevas, a salir de su zona conocida, que descubran la sintonía con uno mismo y con el universo.
Encontraremos dificultades, resistencias, jueces internos implacables, voces internas que nos impulsarán a abandonar el camino... si, ya los conozco, pero quiero que encuentren maneras creativas de burlar esos límites y reírse de ellos. Que puedan mostrarle a los enemigos internos que hay dentro de cada uno, un maravilloso artista que por ahora duerme... pero que cuando despierte... les mostrará cosas fascinantes, increibles, imposibles, porque aunque sean ateos o agnósticos, se habrán conectado con la energía más pura del Creador.
Dice Brenda Ueland: ¿Por qué habríamos de usar nuestro poder creativo? Porque no hay otra cosa que haga a la gente más feliz, generosa, vivaz y audaz...
martes, 20 de julio de 2010
Gracias totales!!!

Hay gente que con solo decir una palabra
enciende la ilusión y los rosales;
que con solo sonreír entre los ojos
nos invita a viajar por otras zonas,
nos hace recorrer toda la magia.
Hay gente que con solo dar la mano
rompe la soledad, pone la mesa,
sirve el puchero, coloca las guirnaldas;
que con solo empuñar una guitarra
hace una sinfonía de entrecasa.
Hay gente que con solo abrir la boca
llega a todos los límites del alma,
alimenta una flor, inventa sueños;
hace cantar el vino en las tinajas
y se queda después, como si nada.
Y uno se va de novio con la vida
desterrando una muerte solitaria
pues sabe que a la vuelta de la esquina
hay gente que es así, tan necesaria.
Hamlet Lima Quintana,
jueves, 15 de julio de 2010
Del hombre de Neardental al homo emotionis
En muchas ocasiones me descubrí entendiendo las cosas, comprendiendo lo que sucedía. Me doy cuenta que mi abordaje a la realidad se da por medio del proceso cognitivo. Leo, estudio, veo, escucho y digo… ya entendí. Me cae la ficha de la comprensión y se me hace la luz. Pero eso es sólo una parte. Una pequeña parte.
Cuando quiero poner en práctica aquello que entendí no siempre obtengo buenos resultados. Y digo, ¡Pero, si lo sabía!
Cuando entiendo que tengo que tomar tal o cual decisión, por ejemplo, a la hora de ejecutarla, me invaden muchos sentimientos y emociones. El miedo, la tensión, la angustia, la inseguridad, la duda, el vértigo. Esas emociones retrasan la toma de esta decisión.
Cuando entiendo qué es lo que le pasa a esa persona, armo mi charla de acuerdo a lo que quiero decirle. Pero al momento de estar cara a cara, se me cruzan mil otros pensamientos, y un torbellino de emociones que hacen que mis líneas aparezcan sinuosas en el papel de mi memoria.
Y cuando tenés que hablar con tu jefe para plantearle una necesidad que para vos es fundamental…
Y cuando tenés que enfrentar a tus viejos para decirles que no querés ser abogado como tu abuelo, tu padre y tus tíos…
Y cuando tenés que contar algo que realmente te avergüenza pero necesitás hacerlo para liberarte de ese peso…
Y cuanto tenés que decirle a tu pareja que no te sentís valorado o tenido en cuenta…
Y cuando es importante llorar delante de tus hijos…
Y cuando querés decirle a alguien que lo amás profundamente y te ahogás…
Y cuando…
Una cosa es entender y saber lo que hay que hacer, y otra cosa es desarrollar la capacidad para accionar asertivamente. Aquí es donde toman cuerpo las habilidades emocionales. ¡Qué importante sería desarrollar estas habilidades para tenerlas como aliadas, confidentes, amigas y compañeras; y no, como enemigas de mí mismo! ¿No?
La capacidad de tolerar la frustración, tolerar la incertidumbre, convivir con cuestiones abiertas, aceptar y tolerar las tensiones, tienen que ver más con las habilidades emocionales que con las intelectivas.
Cada vez me doy más cuenta de la importante de desarrollar las diversas inteligencias. No sólo la cognitiva, tan trabajada que la tengo, sino también, la inteligencia emocional, la artística, la lingüística, la social, la capacidad de gestionar relaciones, la de expresar sentimientos, la inteligencia para autoconocerse, la habilidad de empatizar, entre otras.
Nos ha crecido mucho la cabeza. Se ha desarrollado poco el corazón. La emoción es una fuerza vital que lleva a la acción. Taparla, nos quita fuerza. Nos perdemos de la rica información que nos traen del fondo de nuestro ser. Por el miedo a perder el control, nos sentamos encima de ellas para que nos salgan. Terminamos exhaustos y no sabemos porqué.
Me gusta pensarme y cada vez más, me gusta sentirme… hay una enorme riqueza que aún no he descubierto. La quiero soltar, liberar, darle permiso para expandirse plenamente.
La idea de este título surgió en una charla con un navegante amigo de San Pedro.
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