martes, 20 de julio de 2010

Gracias totales!!!


Hay gente que con solo decir una palabra
enciende la ilusión y los rosales;
que con solo sonreír entre los ojos
nos invita a viajar por otras zonas,
nos hace recorrer toda la magia.

Hay gente que con solo dar la mano
rompe la soledad, pone la mesa,
sirve el puchero, coloca las guirnaldas;
que con solo empuñar una guitarra
hace una sinfonía de entrecasa.

Hay gente que con solo abrir la boca
llega a todos los límites del alma,
alimenta una flor, inventa sueños;
hace cantar el vino en las tinajas
y se queda después, como si nada.

Y uno se va de novio con la vida
desterrando una muerte solitaria
pues sabe que a la vuelta de la esquina
hay gente que es así, tan necesaria.

Hamlet Lima Quintana,

jueves, 15 de julio de 2010

Del hombre de Neardental al homo emotionis

En muchas ocasiones me descubrí entendiendo las cosas, comprendiendo lo que sucedía. Me doy cuenta que mi abordaje a la realidad se da por medio del proceso cognitivo. Leo, estudio, veo, escucho y digo… ya entendí. Me cae la ficha de la comprensión y se me hace la luz.

Pero eso es sólo una parte. Una pequeña parte.

Cuando quiero poner en práctica aquello que entendí no siempre obtengo buenos resultados. Y digo, ¡Pero, si lo sabía!

Cuando entiendo que tengo que tomar tal o cual decisión, por ejemplo, a la hora de ejecutarla, me invaden muchos sentimientos y emociones. El miedo, la tensión, la angustia, la inseguridad, la duda, el vértigo. Esas emociones retrasan la toma de esta decisión.

Cuando entiendo qué es lo que le pasa a esa persona, armo mi charla de acuerdo a lo que quiero decirle. Pero al momento de estar cara a cara, se me cruzan mil otros pensamientos, y un torbellino de emociones que hacen que mis líneas aparezcan sinuosas en el papel de mi memoria.

Y cuando tenés que hablar con tu jefe para plantearle una necesidad que para vos es fundamental…
Y cuando tenés que enfrentar a tus viejos para decirles que no querés ser abogado como tu abuelo, tu padre y tus tíos…
Y cuando tenés que contar algo que realmente te avergüenza pero necesitás hacerlo para liberarte de ese peso…
Y cuanto tenés que decirle a tu pareja que no te sentís valorado o tenido en cuenta…
Y cuando es importante llorar delante de tus hijos…
Y cuando querés decirle a alguien que lo amás profundamente y te ahogás…
Y cuando…

Una cosa es entender y saber lo que hay que hacer, y otra cosa es desarrollar la capacidad para accionar asertivamente. Aquí es donde toman cuerpo las habilidades emocionales. ¡Qué importante sería desarrollar estas habilidades para tenerlas como aliadas, confidentes, amigas y compañeras; y no, como enemigas de mí mismo! ¿No?

La capacidad de tolerar la frustración, tolerar la incertidumbre, convivir con cuestiones abiertas, aceptar y tolerar las tensiones, tienen que ver más con las habilidades emocionales que con las intelectivas.

Cada vez me doy más cuenta de la importante de desarrollar las diversas inteligencias. No sólo la cognitiva, tan trabajada que la tengo, sino también, la inteligencia emocional, la artística, la lingüística, la social, la capacidad de gestionar relaciones, la de expresar sentimientos, la inteligencia para autoconocerse, la habilidad de empatizar, entre otras.

Nos ha crecido mucho la cabeza. Se ha desarrollado poco el corazón. La emoción es una fuerza vital que lleva a la acción. Taparla, nos quita fuerza. Nos perdemos de la rica información que nos traen del fondo de nuestro ser. Por el miedo a perder el control, nos sentamos encima de ellas para que nos salgan. Terminamos exhaustos y no sabemos porqué.

Me gusta pensarme y cada vez más, me gusta sentirme… hay una enorme riqueza que aún no he descubierto. La quiero soltar, liberar, darle permiso para expandirse plenamente.




La idea de este título surgió en una charla con un navegante amigo de San Pedro.

lunes, 28 de junio de 2010

No soy lo que hago...

Hay una distinción conceptual que me ayudó mucho para entender a los otros y a entenderme a mí mismo. “No soy lo que hago”. Saber esto me ha ahorrado innumerables enojos, angustias, resentimientos, frustraciones, insatisfacciones, y varios sentimientos más, que en ocasiones me habitaban, y me hacían pasarla muy, pero muy mal.

Cualquier error en lo que hacía lo interpretaba, directamente, como una falencia de mi propio ser. Cuando era criticado por lo que hacía o decía sentía que toda mi persona era amenazada bajo la condena de opiniones, de juicios, y de sentencias de todo tipo, grupo y factor.

Algunas experiencias me han enseñado que lo que digo es apenas algo de lo que soy y lo que hago es una pequeña expresión de mi ser interior. Y he aprendido que los juicios ajenos, sentencias y condenas hablan más de aquellos que las pronuncian que de la persona a quien se dirigen.

Un enorme sentido de libertad me inunda cuando logro hacer esta distinción. Puedo criticar lo que hago y corregir mis acciones. Puedo reírme de mis errores, hacerme cargo, pedir disculpas siempre dejando a salvo el valor como persona. De esta manera puedo mejorar, crecer, desarrollarme, ofrecer mi mejor versión sin que mi estima se vea maltratada, vapuleada o sacudida.

Mis palabras dicen algo de mí. Pero ocultan más de lo que revelan.
Mis acciones dicen algo de lo que soy, pero nadie puede llegar a la profundidad de la cual brotan.
Mis ideas dicen algo de mí…
Mis emociones revelan algo de mi mundo interno…

Pero siempre queda protegido, cuidado, a salvo, el sagrado misterio de lo que cada uno es…

miércoles, 9 de junio de 2010

Cuando el alma de sabe inconquistable

Desde la noche que sobre mi se cierne,
negra como su insondable abismo,
agradezco a los dioses que existan
por mi alma inconquistable.

Caído en las garras de la circunstancia
no he pestañeado ni llorado,
bajo los golpes que me echó la suerte
mi cabeza ensangrentada sigue erguida.

Más allá de este lugar de lágrimas e ira
yacen los horrores de la sombra,
pero la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.

No importa cuan estrecha sea la puerta,
cuan cargada de castigo la sentencia,
soy el amo de mi destino;
soy el capitán de mi alma.


Este poema lo conocí a través de la Película Invictus. Leí acerca de su autor y me impactó su vida, me inspiró, también, enterarme que Nelson Mandela se lo recitaba a sí mismo en aquellos años tremendos de cautiverio.

No soy Henley ni Mandela pero no deja de ser valioso el camino que este poema viene haciendo en mí.

Los hombres y las mujeres tenemos noches negras de insondable abismo. No las podemos evitar; nos resistimos, las negamos, nos enojamos, nos revelamos, rara vez las aceptamos, y en muy pocas ocasiones las transformamos en sabiduría de vida. Admiro a aquellos que las pueden agradecer como si fueran experiencias de transformación en las cuales uno ya no es el mismo después de haberlas atravesado.

Valoro inmensamente a aquellos que consideran a la noche como una aliada en el proceso de autoconocimiento y desarrollo personal. Esas personas dejan de tener miedo, le pierden el miedo a su propia interioridad. Salga el monstruo que salga detrás de las murallas del alma o de los abismos del corazón.

El corazón permanece inquebrantable. Aunque la carga sea pesada y la puerta muy estrecha podemos elegir como vivir las circunstancias que la vida nos ofrece. Siempre hay espacio para la decisión personal. Eso es lo que creo. Algo de esto significa ser líder de uno mismo, auto – liderarse.

Se dice que: "el arte de ser líder" es el "arte de ser uno mismo". El arte, en consecuencia, está relacionado con la belleza; y así como la belleza no se puede definir con facilidad, aunque se la "distingue" cuando se la contempla; así es el liderazgo de uno mismo.

Cuando nos lideramos a nosotros mismos estamos manejando las herramientas del conocimiento de SI. Somos aquellos seres humanos que han decidido acompañarse a SI mismos y de "hacerse cargo de nuestro propio ser". Esa belleza que emana como una luz interior se expande hacia fuera, mostrando su plenitud, su simpleza y su creatividad en el "encuentro diario" con uno mismo, con los demás y con el mundo.

Pase lo que pase, venga lo que venga, soy el amo de mi destino; soy el capitán de mi alma.



William Ernest Henley ha pasado a la historia de la literatura inglesa como poeta, y esencialmente por ser el autor de un poema incluido en el que fue su último libro, In Hospital, publicado en el mismo año de su muerte, ocurrida cerca de Londres en 1903. El poema se titula “Invictus” (escrito en el año 1875), y es el poema que Nelson Mandela se recitaba a sí mismo cuando llegaban los momentos peores a lo largo de su terrible cautiverio en prisiones sudafricanas por su lucha contra el racismo y el apartheid.

viernes, 28 de mayo de 2010

Cuando las cosas no salen como yo esperaba…

Siempre que voy a hacer un trámite me falta un papel. El comprobante de pago del cuarto trimestre de hace dos años. Que la cuenta del banco no puede operar con cheques cruzados no a la orden. Que la nueva resolución impositiva te exige tal o cual requisito. Que se cayó el sistema justo el día de vencimiento. Y así… ustedes tendrán un rosario interminable de situaciones.

Pero, el punto no es hablar de trámites burocráticos sino del sentimiento de frustración que me invade cuando las cosas no salen como yo esperaba.

Cuando no recibo la respuesta que busco, cuando no alcanzo el objetivo que me propuse, cuando no logro dar en el clavo en la resolución de un conflicto, cuando me equivoco o se equivocan y salgo perjudicado, cuando no se abre tal o cual puerta para mi crecimiento…

Me enojo. Me frustro. Me amargo. Y a veces… no se qué hacer…

"Enquistarse en la soledad y la frustración, quejarse constantemente y continuamente de las desdichas y tragedias que nos acosan y no hacer absolutamente nada para modificar aquellas situaciones que nos angustian es un camino certero y seguro hacia la depresión.
Camino, por supuesto, que es recorrido a solas…"
Eric Fromm (psicoanalista y pensador alemán).


La frustración es el sentimiento que surge cuando no logramos nuestros deseos.
De acuerdo a la intensidad de la frustración y a nuestras propias características personales, reaccionamos con molestia, ansiedad, depresión, angustia, enojo, etc.

La base del problema no está en el dolor y la frustración que vivimos, sino en nuestra actitud ante ellos.

Actuamos como si el malestar y el sufrimiento pudieran acabar con nosotros. Y creemos que estas emociones no deben de ser parte de nuestra vida.

Tolerar la frustración significa poder enfrentar los problemas y limitaciones que tenemos a lo largo de la vida, a pesar de las molestias o incomodidades que nos causan.

La baja tolerancia a la frustración está relacionada con dos elementos:

1) Una percepción equivocada y exagerada de la situación que estamos viviendo.

2) La creencia de que es horrible vivir el malestar y no lo podemos ni queremos aguantar.

La poca tolerancia a la frustración provoca que, ante cualquier incomodidad, nos desmotivemos y abandonemos nuestras metas y proyectos. Que nuestros deseos pierdan importancia.

Esta falta de tolerancia está relacionada con las creencias que implican que mi vida debe de ser fácil, cómoda y placentera todo el tiempo.
Que es horrible e intolerable sufrir cualquier molestia que va más allá de cierto nivel de intensidad o de duración.

Creencias definitivamente erróneas, que nos impiden disfrutar de una gran parte de la vida.

¿Qué ideas y creencias me están atravesando y son las que me provocan frustración?

Nosotros elegimos el tipo de pensamientos que queremos tener, la conclusión a la que queremos llegar y, por lo tanto, la emoción que nos va a invadir.

Estoy convencido que la tolerancia a la frustración se puede desarrollar y podemos encontrar modos nuevos y creativos de enfrentar la realidad.


* Algunos textos son de Silvia Russek y el resto son míos.

jueves, 29 de abril de 2010

No encuentro las palabras ni distingo las emociones… ¿Estoy en el horno?

Y ¿Vos cómo estás? Hmm, bien… que se yo… no sé… Ante esta pregunta no siempre tengo una respuesta satisfactoria. A veces porque no logro tomar contacto con mis emociones y otras veces porque no encuentro las palabras para expresarlas. No siempre tengo claridad meridiana para saber exactamente qué emoción me está atravesando.

Impotencia y frustración me inundan cuando esto me sucede.

Hay quienes parecen incapaces de expresar verbalmente las emociones, debido a la dificultad que tienen para identificar, entender o describir lo que sienten.

Cuántas veces dijimos: "No tengo palabras", "me siento extraño", "tengo un nudo en la panza", "se me cierra la garganta", "me falta el aire", "no sé qué me pasa" o, simplemente, no nos dimos por enterados de que dentro de nosotros se estaba librando una batalla. Esas palabras que no llegan, esos sentimientos que no reconocemos, son pasajes de ida a un mundo donde reinan la confusión, la insatisfacción, las apariencias.

Es que la alexitimia se presenta como una perturbación cognitivo-afectiva. En otras palabras, una dificultad para diferenciar las sensaciones corporales de los sentimientos.

No es que la persona no tenga afectos sino que no puede distinguir matices o intensidades. No es que uno sea limitado en su vocabulario; ocurre que las palabras no aparecen a la hora de hablar de todo o, al menos, de "algo" de lo que nos pasa.

Imaginemos un volcán. Si la montaña tuviera posibilidades de decir: "Estoy enojada, muy enojada; no quiero esto para mí pero... allá va mi enojo", mucho más leve sería la erupción. Quien no reconoce lo que siente o le faltan las palabras para explicarlo, será muy posible que caiga en "erupciones" como expresiones de conflicto.

Los alexitímicos suelen convertirse en personas agresivas con el entorno, pero fundamentalmente consigo mismas. Lo que no se expresa hacia fuera… estalla hacia adentro. Dolor de cabeza, garganta, pecho cerrado, úlcera, gastritis son algunas de las consecuencias corporales de la alexitimia.

El cuerpo habla, grita, llora, gime…

Para una terapia eficaz habrá que encontrar caminos que nos permitan llegar adonde conviven el afecto y la palabra.
Se me viene la imagen de un descenso hacia las profundidades de uno mismo. Habitar el propio templo sagrado donde laten y vibran las cosas más valiosas de uno mismo.

El psiquiatra chileno Fernando Lolas subraya en la obra de Sivak y Wiater que "el sistema verbal es un constituyente esencial del afecto, tanto en sus dimensiones conscientes como en las inconscientes". El ser humano necesita verbalizar sus sentimientos y emociones, convertir en palabra y en diálogo sus afectos. "El diálogo es con uno mismo, con los otros, con el pasado, con el futuro", dice Lolas.

El diálogo es la concreción, la puesta en acto de las emociones. Primero uno conoce, reconoce, identifica; luego lo representa, lo simboliza, le pone palabras. Por esto, médicos y terapeutas deben enseñarle al paciente a descubrir las conexiones que existen entre sus reacciones físicas y sus afectos. Y para que esto sea posible, habrá que ofrecerle nuevas herramientas y recursos para ganar en flexibilidad e imaginación.


*Algunos textos son míos y otros de un artículo del diario La Nación.

viernes, 23 de abril de 2010

Más cerca... más lejos...


En el devenir de nuestra vida establecemos prioridades según nuestras creencias y valores. En la medida que podemos, le damos a esas prioridades, un tiempo, un lugar, una forma. No siempre comunicamos de manera explícita cuales son nuestras prioridades, pero de hecho las podemos identificar.

Hasta aquí, todo muy lindo.

El año empieza a correr y nos subimos al tren. Ponemos piloto automático y en diciembre decimos: ¡Cómo se fue el año!

Mientras todo vaya más o menos bien no nos preocupamos. Pero algo, de a poco, se va enfriando, lo dejamos de alimentar, las urgencias dirigen nuestras vidas, y por miedo a quedar mal, nos vamos olvidando de la importancia de nuestras creencias y valores.

Las urgencias ocupan más tiempo que las cosas importantes.


¿Por qué respondo a una urgencia antes que a una cosa importante?

- Porque no se decir que no
- Porque van a pensar mal de mí
- Mi imagen se ve amenazada y quiero conservarla intacta y en alza
- Porque no tolero la frustración
- Porque me hago cargo de cosas que le corresponden a otros
- Porque soy tremendamente autoexigente
- Porque reflexionar cómo vivo es encontrarme con una verdad que me asusta

Parece que muchos de nosotros nos empezamos a ocupar de algo cuando percibimos que está bajo amenaza. Esta conclusión a la que llego puede ser perfectamente rebatida, es opinable, pero no por eso, dejaré de compartirla.

En algún momento… lo importante empieza a hacernos reclamos en la ventanilla de atención al cliente…

- Me ocupé de las cosas de mis hijos… pero no de mis hijos
- Me ocupé de mi trabajo para darle todo a mis hijos que los terminan educando todos menos yo porque no estoy nunca.
- Me acordé de escuchar a todos pero dejé de escucharme en lo profundo del corazón.
- No recuerdo la última charla íntima con mi gran amigo
- Respondí a las necesidades de todos y desatendí totalmente las mías.
- Ah! ¿Y mi pareja?
- Dejé todo lo que me hacía bien…
- … sigan enumerando…

Citando a un notable poeta y canta autor, él se preguntaba: “¿Acaso no estamos viviendo de un modo equivocado los días que no tocaron en suerte?”

Se me ocurre formular la pregunta de otra manera y en sentido positivo:

¿Cuán cerca estás de aquello que soñaste para vos?